El Tango Queer

El arte se percibe como sistema cultural. Los actos de creación del tango generan hasta el día de hoy experiencias donde se produce, se comparte y reconoce conciencia y sentido. En sus diferentes etapas, el tango crea una red de significados compartidos, colectivos, públicos y abiertos. Las obras del tango y los lugares donde se desarrolla describen siempre un “aire de época”, de los modos de sentir y significar de la sociedad en diferentes tiempos. En sus prácticas, rituales y ceremonias (los conciertos, las milongas donde se baila, los lugares de encuentro) representan y narran modos de vivir y vincularse con los otros.

El tango es cultura porque reúne un conjunto de prácticas que tienen que ver con la producción, la circulación y la apropiación del sentido en la vida social. Entendemos la cultura popular como una construcción histórica y contradictoria capaz de modificar a partir de su experiencia los discursos sociales que pretenden representarlos y su propuesta de investigación de los procesos de masividad desde las articulaciones entre prácticas de comunicación, movimientos sociales, temporalidades y la pluralidad de matrices culturales.

Como afirma Judith Butler, filósofa judeo-estadounidense que ha realizado importantes aportes en el campo del feminismo, la filosofía política y la ética, y ha sido una de las teóricas fundacionales de la teoría queer: «No hay una identidad de género detrás de las expresiones de género; esta identidad es performativamente construida por las mismas «expresiones» que se consideran sus resultados.»

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